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jueves, 27 de junio de 2013

Hablemos de pasiones



Hoy hablaremos de pasiones ya que este asunto es objeto de estudio por el que ha sido nombrado  presidente de la IPPA (International Positive Psychology Association) en este año 2013, el profesor Robert J. Vallerand, psicólogo e investigador canadiense de la Universidad de Quebec.
La pasión, del latín passĭo, es la acción de padecer, pero es una palabra que llega a tomar una connotación positiva cuando se refiere a mostrar un entusiasmo exacerbado por algo.
La pasión se define como una fuerte inclinación hacia una actividad que a la gente le gusta (o ama), le parece importante, y en la que invierte tiempo y energía
Vallerand propone un modelo para explicar la pasión al que denomina modelo dualista sobre  la pasión, para él existen dos tipos de pasión que tienen un origen distinto y un efecto sobre el bienestar de la persona (y de los que la rodean) también diferente:
En un extremo que podríamos denominar beneficioso, nos encontramos con lo que este autor denomina la pasión armoniosa, que conduce a resultados de crecimiento tanto a nivel personal como interpersonal, ya que esta pasión diríamos que es genuina, procede del interior de la persona, como decimos en psicología su origen procede de una motivación intrínseca, el sujeto se compromete con algo que ama, es fruto de una elección personal y puede reportar o no beneficios tangibles, pero siempre reporta gratificación al sujeto por su realización, y el sujeto irradia felicidad que es palpable y contagia a las personas que le rodean, creo que es muy acertado el termino de pasión armoniosa, porque esta pasión no absorbe por completo la vida del sujeto en toda su extensión, puede convivir y de hecho convive con otras pasiones, deberes, obligaciones y aficiones de la persona, cuando el sujeto está involucrado en el objeto de su pasión puede entrar en lo que se denomina estado de flow termino estudiado por el psicólogo Mihalyi  Csikszentmihalyi, nombre imposible de pronunciar y menos para un andalú,  quien lo ha definido como:
Un estado en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante la cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa. Todo el ser está envuelto en esta actividad, y la persona utiliza sus destrezas y habilidades llevándolas hasta el extremo. La persona está en flow cuando se encuentra completamente absorbida por una actividad durante la cual pierde la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción”.
En resumen, como diría una azafata: “Se me pasa el tiempo volando”
La pasión armoniosa conduce a la gente a elegir dedicarse a la actividad que aman.
En el otro extremo, está la pasión obsesiva que proviene de una necesidad de poder o autoestima, y que conduce a la urgencia de realizar la actividad a toda costa. Esta pasión busca la satisfacción de una necesidad. Aquí la obsesión hace que el sujeto pase todo su tiempo o realizando la labor que es la base de su pasión o pensando en ella, no le es posible desconectar, no hay armonía y el sujeto irradia tensión, ansiedad a los que le rodean.
“Cuando el arquero dispara gratuitamente, por el mero disfrute de hacerlo, cuenta con toda su habilidad.
Cuando dispara esperando ganar una medalla de bronce, ya está algo nervioso.
Cuando dispara para ganar una medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco sino dos.”
Antiguo Proverbio Oriental
Se me ocurre y no sé si alguien estará de acuerdo conmigo, pero podría ser un indicio para distinguir entre uno y otro tipo de pasión, la siguiente prueba: si yo me acostara y pensara en lo que me apasiona y me durmiera plácidamente pensando en ello, en cómo mejorar, en cómo compartirlo con los demás supongo que sería pasión armoniosa, si por el contrario me produjera insomnio, me aislara y no quisiera compartirlo supongo que sería una pasión obsesiva.
La diferencia entre los dos tipos de pasión estriba en que la gente con “pasión armoniosa” tiene la habilidad de emplearse a fondo en lo que está, pero luego desconecta totalmente cuando se dedica a otras actividades; por el contrario, la gente con “pasión obsesiva” no cuenta con esa habilidad.
La pasión se convierte en una actividad que termina definiendo al individuo. Por ejemplo, aquéllos que tienen una pasión por jugar al fútbol, o pintar o tocar un instrumento, no meramente realizan estas actividades como hobby, sino que se convierten en “jugadores de fútbol” o “pintores” o “músicos”.
Es importante que los padres no condicionen ni reflejen pasiones obsesivas relacionadas con el trabajo, con cómo ganar más dinero, con el estatus, etc. sobre sus hijos, no les “obliguen”  a apasionarse por los idiomas, por la música, por el ballet, por el deporte, bueno ya sabemos todos de lo que hablo, dejémosles que se apasionen por sí mismos, serán más felices y nos harán más felices a los demás.
Así que hay que procurar apasionarse armoniosamente porque los estudios nos indican que es lo mejor para nuestra salud y la de los que nos rodean.
Sea cual sea tu pasión, desconecta a ratitos, para apreciar las otras cosas buenas de la vida. Cuanto mayor sea la variedad de cosas que aprecies, menos propenso serás a volcarte en una sola.
Ya nos lo advirtió hace unos años un gran pensador de la corriente filosófica del reggetonismo, llamado Romeo, vocalista de ese gran grupo de eruditos llamado “Aventura”:
“Lo que tu sientes no es amor (pasión armoniosa) lo que tú tienes se llama obsesión (pasión obsesiva)”

lunes, 24 de junio de 2013

¿Podemos hacer algo para ser felices? ¿O la genética y las circunstancias determinan nuestro nivel de felicidad?

Aunque la emocionalidad positiva está ligada a factores genéticos o no modificables (quizá hasta un 50%), hay una parte importante que depende de circunstancias vitales y, sobre todo, de factores controlables intencionalmente (Lyubomirsky et al., 2005).
 


Existe un margen notable para intervenciones sostenibles incluso aunque descontemos el papel de las variables demográficas y circunstancias generales de la vida (situación económica, sexo, nivel educativo, etc.), cuya influencia sobre el bienestar probablemente no es mayor del 10% de la varianza así como el papel de elementos relacionados con el set-point o punto de anclaje del individuo ligado a factores no modificables –sea más o menos estable. Aún en el peor de los casos, como se observa en la Figura 2, al menos un 40% de la varianza del bienestar parece deberse a elementos modificables como, por ejemplo, actitudes, actividades intencionales y hábitos cotidianos que contribuyen a mejorar consistentemente el estado emocional (Lyubomirsky et al., 2005; Lyubomirsky, King y Diener 2005), especialmente cuando a esos cambios se les otorga un significado vital y encajan en las necesidades psicológicas profundas de la gente (Deci y Ryan, 2000).

Todo lo anterior ha de motivarnos tanto a los psicólogos como a los clientes de que con esfuerzo y acciones deliberadas y perseverantes es posible aumentar nuestra felicidad (aunque este término no es muy utilizado en el campo de la Psicología Positiva, por sus connotaciones, digamos "místicas" y la dificultad de su conceptualización y medición)

Saludos
Jorge

Referencias
 DECI, E. L., & RYAN, R. M. (2000). The "what" and "why" of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11, 227-268.
LYUBOMIRSKY, S., KING, L. A., & DIENER, E. (2005). The benefits of frequent positive affect: Does happiness lead to success? Psychological Bulletin, 131, 803–855.
LYUBOMIRSKY, S., SHELDON, K. M., & SCHKADE, D. (2005). Pursuing happiness: The architecture of sustainable change. Review of General Psychology, 9, 111–131.




¿Qué es la Psicología Positiva?

Como prácticamente todo término utilizado en Psicología no hay un consenso sobre qué es y qué no es esto de la Psicología Positiva, en esta entrada en la que se intentará dilucidar y explicar este concepto, seguiré al Dr Carmelo Vázquez, Catedrático de Psicopatología de la UCM y hasta este año Presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva (SEPP), de la que tengo el honor de ser miembro, El profesor Vazquez nos señala en primer lugar qué No es la Psicología Positiva, para él:
"La Psicología positiva no es ninguna rama de la Psicología, ni un nuevo paradigma, ni una nueva disciplina. Es simplemente Psicología que desea centrar su interés en el análisis de lo que va bien en la vida desde el nacimiento hasta la muerte (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000) y para ello emplea las mismas herramientas de conocimiento, con las mismas ventajas y limitaciones, que el resto de la investigación psicológica."
La Psicología Positiva SI es:
"La Psicología positiva es un movimiento, o una corriente de opinión, dentro de la Psicología que intenta estudiar aquello que es bueno en la vida y por lo que esta merece la pena ser vivida"

El término de Psicología Positiva, es propuesto por Martin Seligman en su discurso inaugural como presidente de la APA (Seligman, 1999). Supone dar un impulso definitivo a una aproximación que no es nueva en Psicología (ver Vázquez, 2006a) pero que surge como un modo de impulsar una mirada complementaria. Muchos de los temas en los que la Psicología se ha centrado en estas últimas décadas (creatividad, optimismo, amor, resiliencia,…) entran de lleno en esta perspectiva positiva (Fernández-Ballesteros, 2002). Pero hay otras áreas de la experiencia humana (flujo, perdón, gratitud, asombro, curiosidad, o apreciación de la belleza) que también se están incorporando por primera vez como temas de investigación por propio derecho abriendo nuevas vías de investigación y aplicación (Snyder y López, 2002; Peterson, 2006).

En próximas entradas hablaremos de los tópicos de interes y estudio en los que se está centrando de modo científico la Psicología Positiva.

Referencias
 FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, R. (2002): Light and dark in the psychology of human strengths: The example of psychogerontology. En Lisa G.Aspinwal & Ursula M. Staudinger (Eds.), A psychology of human strength: Perspectives on an emerging field. Washington DC: APA.
 PETERSON, C. (2006). A primer in Positive Psychology. Oxford: Oxford University Press.
 SELIGMAN, M. E. P. (1999). The President's address. APA 1998 Annual Report. American Psychologist, 54, 559-562.
 SELIGMAN, M. E. P., & CSIKSZENTMIHALYI, M. (2000). Positive psychology: An introduction. American Psychologist, 55, 5–14.
 SNYDER, C. R. & LOPEZ, S. J. (2002). (Eds.), Handbook of positive psychology. New York: Oxford University Press.
 VÁZQUEZ, C. (2006). La Psicología Positiva en perspectiva. Papeles del Psicólogo, 27(1), 1-2.